De la política y la endemia

 

“Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación”. No se trata de las esperadas  palabras que, como ciudadanos, llevamos tiempo reclamando a los políticos que nos chupan la sangre desde el trono de la casa consistorial, el Palau de la Generalitat, o la mismísima Moncloa. La frase, obra de uno de los mayores genios que ha parido nuestra tierra, desgraciadamente fallecido hace pocos días, es de la película ¡Bienvenido, mister Marshall! Cuánto significado en tan pocas palabras.

 

¿Cuántas veces nos preguntamos, al ver una noticia, por qué determinado político ha actuado de una forma absolutamente incomprensible o manifiestamente corrupta? ¿Y cuántas veces nos dan la explicación del porqué lo han hecho? Ahora nos dicen que Francisco Camps está exculpado porque hay dos informes independientes de Hacienda que así lo acreditan. Y lo dicen el mismo día que, precisamente, un informe de la Agencia Tributaria afirma que los trajes de Camps fueron pagados por la trama corrupta. ¿Se pensarán que somos imbéciles? ¿Y qué me dicen de la masacre en el Sáhara? ¿Cómo cojones puede el Ministro de la Presidencia de España, señor Ramón Jáuregui, respaldar la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara y no condenar expresamente lo sucedido? ¿Es qué alguien entiende algo de lo que pasa en este país o me estoy volviendo loco?

 

Sin duda, es necesaria una reformulación del significado de la palabra “política”. Cuando uno consulta el diccionario y busca el término, encontrará que la política, del griego politikós (ciudadano), es la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. Sí, lo han leído bien: en beneficio de la sociedad. Un significado más acorde con los tiempos en los que nos encontramos sugeriría cambiar la coletilla, de forma que por política se entendiera la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio propio.

 

Quizá no debiéramos cambiar el significado de dicha palabra sino el término para referirnos a los “politikós”. Unas páginas atrás, en el mismo diccionario, encontramos una palabra que se ajusta infinitamente más a la descripción actual de los chupópteros profesionales: endemia. Su definición: una enfermedad que se presenta sistemáticamente, de manera regular, y sin variaciones apreciables de población afectada, dentro de un segmento demográfico. Quizá incluso sería más apropiado hablar de  pandemia, pues no se trata de un sector demográfico concreto: la enfermedad afecta a todo un pueblo.

 

Y el pueblo, más que enfermo, está en un coma profundo del que no despierta. Los casos Pretoria, Brugal, Gürtel, Faisán o Palma Arena entre otros muchos, las confesiones de un ex Presidente del Gobierno hablando de terrorismo de Estado, la pasividad ante las recientes violaciones fragrantes de los derechos humanos en una antigua provincia española, son noticias que pasan ante nuestros ojos y, pese a su gravedad, ya no nos sorprenden. Estamos adormecidos, anestesiados por la máquina endémica de la política y no somos capaces de ponerle solución.

 

Pero un día los mercenarios de la política no podrán escuchar más sus mentiras, falsas historias y corruptelas. El grito de un pueblo cansado, pero a su vez unido y fuerte, harto de sufrir tantas y tantas veces por culpa de sus dirigentes, acallará a todos aquellos que ahora intentan silenciarlo. ¡Desperta ferro!

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